Cielo Inerte


Más blanca que la piel de una difunta, más vacía que el aliento sin vida. Pude verte tan pálida como el alba sin su mañana, donde tu inmensidad quedó olvidada en el silencio de los cuatros vientos.
El canto de los pájaros heridos trae el luto de tu muerte celestial. Ya no puedes escucharlos, ya no puedes ofrecerles el vuelo de sus pobres canciones. Sólo revolotean parásitos de un oráculo enfermizo, esperando abrir el paso de su hambruna abismal.
Ya nada igualará tu majestuosa grandeza, incluso el océano evocara a su oscura melancolía. Mis pinturas no tendrán sus paisajes, ya que sufriste la repercusión de una tristeza fatal. No pudiste llorar, ni siquiera romper las centellas de tus hermanas tormentas, los astros dejaron de compartir tu omnipresencia cuando la noche vio que no respondiste a sus tinieblas. La primavera se quedó esperando por el regazo del inmenso azul. El verano prefirió ocultarse en la frialdad de su atardecer. El otoño ignoro el último suspiro de los bosques moribundos. El invierno no cubrió el sueño de la naturaleza penosa. ¿Por qué falleciste tan repentinamente? ¡El aire ya no tiene lugar donde vivir!
El blanco consumió tu belleza reinante, mientras observaba un flácido cisne tratando de despertarte de tu injusta inercia. No escuchaste su quejido, ni siquiera sentiste cómo se desvanecía su esfuerzo, al caer lentamente de tu sola presencia. ¡Estás muerta!, eso fue lo que nunca entendió. Pobre de ti, ¡Oh cielo inerte! Otra mañana sin tu belleza, otra noche sin tu lujuria; no hallo aliento en tu ser, que me de un profundo respirar a mi alma. Una vacua soledad que anidaste por un sobrio momento, los pilares de la luz pausadamente se extinguen en tu alto sepulcro; las sombras no volverán a abrumar sus sombrías mímicas.
¡Nunca podré contemplarte como antes! Ya sucumbiste al eterno reposo de tu vida extinta. ¿Cómo podrán recordarte, mi dulce cielo? Ya mis lágrimas perdieron el color, ya mi alma no podrá vagar en pena; puesto que descansas en un sueño sin fin. ¿Donde estará tu espíritu?, ¡Mi pobre cielo!
Un silencio se siente en cada horizonte, en cada colina, en cada pradera, en cada montaña, es la vacuidad que sembró tu lamentable ausencia.
Moriste para dejar un mañana desfallecer, moriste para culminar la melodía de la noche, moriste por envenenar las tempestades de la vida.
Sólo te vi por última vez, te dejo en paz en tu omnipresencia fallecida. ¡Oh, cielo Inerte!, ¿Por qué nos abandonaste?... ¿Por qué?

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