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Penumbra Femenina



¿Cómo deshacer
la ausencia cálida en tu aroma?

Esa fragancia llena mis anhelos
como un suspiro
ahogando mi pena.

Entre las gotas de tus labios,
creí devorar
el cadáver
de tus ansias;

es más...
las risas de tu llanto
copularon su némesis.

Teniendo tu escultura
de carne sudorosa,
consumo tu vientre,
tu lengua,

tus pechos descubiertos
donde mis dedos delicados
invaden tu corazón
como hojarasca de ardor.

Penumbra femenina
disipada en caricia,
brasa de tus ojos
renacen por tu noche.

La satisfacción
crea un aura voceada
al ultimo desaliento
de un embeleso final.

Yaces en lumbre
con tu sombra y sudor.

Vendedor de Perla Recita su Servicio


Ya las sombras no tienen lugar para disfrutar
el néctar de la concha corrompida
(Algo que la luna tiende a veces
a volver su cachos contra el sol).
Las aguas se braman en la sazón
de una joya amorfada,
por el cual un arte tan refinado
(a veces) pone de manifiesto
la risa de los moluscos fosilizados.

Por lo tanto,
el hombre como la mujer
no dejan secreto alguno
para librar la osadía de embriagar
la mar con su fruto de concepción.

En otro caso, se puede quitar
un solo grano de océano,
por poner la diferencia entre una perla
y los ojos de la vida.