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Con el Secreto de Intenciones Serenas



¿Esperar es acaso un libido perfumen caro?
suponía el entredicho aseverado
sobre la ternura que me serviste
en una taza de café con canela,
fue una manera (instintiva) de persuadir mi yugo
sin que notaras mi afable atención
por tus palabras y caderas
al cual fluía la hambruna de mi intelecto.

¿Puedes decirme de tu curiosidad desesperada?
- es manifestable en tus versos hecho carne.

...Tanto que me regalaste tu cariño
en forma de jaula;
Si es así como confiesas tu pureza,
me queda capturar miles de petirrojos
por el cual el cielo me bendice en su castigo
solo por tenerte en mis pensares
cada día...mas extraña y más atractiva

Cresta en Carne Humana



Puedo prescindir de la verdad
a como se debe desviar el estimulo enaltecido,
los días albergan tantos eones
que cada canción tarda más en componerse.

Aun en los huesos de mi espíritu
me cuesta deducir
si ha nacido
la providencia de la inaceptada salvación.

Si es así…
¿Qué hago caminando entre impíos e indiferentes?

Es sencillo mirar como mi cuerpo
es un festín devorado
entre bien y mal.

Penumbra Femenina



¿Cómo deshacer
la ausencia cálida en tu aroma?

Esa fragancia llena mis anhelos
como un suspiro
ahogando mi pena.

Entre las gotas de tus labios,
creí devorar
el cadáver
de tus ansias;

es más...
las risas de tu llanto
copularon su némesis.

Teniendo tu escultura
de carne sudorosa,
consumo tu vientre,
tu lengua,

tus pechos descubiertos
donde mis dedos delicados
invaden tu corazón
como hojarasca de ardor.

Penumbra femenina
disipada en caricia,
brasa de tus ojos
renacen por tu noche.

La satisfacción
crea un aura voceada
al ultimo desaliento
de un embeleso final.

Yaces en lumbre
con tu sombra y sudor.

Cuando el Escarlata Pinta su Sombra


Lumbres disipadas
señuelos imaginarios,
surten estas espigas
manchadas e inquietas.

¿Qué se lleva el viento
en su estela dormida?
Tantos amaneceres
no ceden su brillo cegado.

Nadie descansa
con su sombra
ni imploran lunas
alumbradas e alejadas.

Sin embargo,
aferran su remordimiento
en tallos cortados,
viven con el ocaso
corriendo por sus frentes.

No es suficiente.
– Aun sublime –,
esta carne invoca
una fragancia de recelos.

Pálido y enamorado,
¿Quién puede deshacer
un encanto ultrajado?

¡Ya lloran las cigüeñas!
¡Ya callan las misericordias!
¡Limpien de utopía,
el desangre
de ésta prístina inocencia!